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EQUIPO VERDE

(2011) Dir. Alejandra Almirón. En 1978 comenzamos la secundaria. El recuerdo perfecto es el patio de gimnasia y la profesora de Educación Física. El Equipo Verde quedó formado con las que no entramos en los equipos normales, el torpe sobrante en el que quedamos Cristina, Elvira y yo.

 

 




En 1978 en la calle se hablaba del mundial de fútbol que se aproximaba y en la tele se oía un jingle pegadizo: “25 millones de argentinos jugaremos al mundial, mundial la justa deportiva sin igual…” y en alguna emisora radial se escuchaba al Ministro de Educación Pedro Bruera que decía: “El chico de hoy es distinto. Ha madurado, aprendió la lección”.

El colegio Normal 8 de San Cristóbal se había liberado de los centros de estudiantes y de las alumnas revoltosas.

Era el comienzo de mi secundaria. 

Primer día de clase:  Botánica. Mi primer fracaso escolar.

Había que poner en un frasco: papel secante, algodón húmedo y un poroto. Luego: “hacer el diario del poroto” y entregarlo al final del trimestre.

Aquella germinación frustrada podría ser la metáfora de mis años en la secundaria. 

El recuerdo perfecto es el patio de gimnasia y la profesora de Educación Física, la Srta. Taboada, las pruebas de destreza, de saques y pases. Quiénes tenían y quiénes no, aptitudes para el voley.

El Equipo Verde quedó formado con las que no entramos en los equipos normales, el torpe sobrante en el que quedamos Cristina. Elvira y yo. Las del equipo perdedor no participábamos en las competencias escolares, quedando relegadas a infortunadas prácticas en un patio aledaño a la cancha. Como alumnas fuimos invisibles, con suficiente desinterés como para elegir los bancos de atrás y compartir la ilusión de evadir al panóptico adulto.

Y en aquel fuera de cuadro dentro del colegio nos hicimos amigas para siempre.

Algunos recuerdos surgen con automatismo, otros con contrariedad pero 1982 es el año que las tres recordamos sin fisuras. Para nosotras, fue la primera señal del terror, que poseía un matiz tranquilizador: haber pertenecido al equipo perdedor (en muchos aspectos) tenía algo de sentido o así lo creímos entonces.

Un año después, nos tocó elegir a un presidente y fuimos la primera generación que, alcanzada la mayoría de edad, votaba para siempre sin interrupciones militares.

No protagonizamos la Historia, fuimos la primera camada de jóvenes sin proyectos colectivos, que siguió al genocidio;  unas niñitas inmaduras y políticamente incorrectas como los teens de diseño que los militares anhelaban.

¿En qué nos afectó tener la edad que tuvimos en 1976? Sin años suficientes como para haber formado parte de los movimientos políticos de los ´70. Con demasiados como para no haber sido testigos. ¿Pertenecemos a una generación? ¿O simplemente vinimos después?